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Soy Mano

¿Rebaño?

8 de abril de 2023 - 09:32

Por Víctor Koprivsek

Hay pollos que nunca pisan la tierra. Nacen, crecen y son faenados sin que la pequeña sensibilidad de sus patas se pose en la gramilla.

El animal pasa su tiempo colgado para engorde.

Desde el embrión hasta la bandeja del súper, donde la noria lo acomoda y lo deja listo para la olla, sin haber estado nunca de pie en sus patas, sintiendo algo firme debajo.

Tampoco es que se ponga a pensar mucho en eso. El pollo, digo... ¿o sí?

La vida es un misterio tanto como la muerte.

Los pensamientos se encienden y se apagan y, a veces, no nos dejan llegar al final de una idea.

“Nos vamos por las nubes”, diría mi abuela.

En la intermitencia de la mente hay tantas pero tantas reflexiones, que acumulamos más respuestas que preguntas. Y a la hora de escuchar, hablamos.

Mientras lo importante va pasando como el sol, que gira de un lado a otro del día sin que lo veamos siquiera; así también vamos suplantando la maravilla.

Dejando de ver el árbol para fijar la mirada en un vidrio que mira por nosotros.

Nacer y morir en la Tierra a través de una pantalla.

Pero es Semana Santa. Y mientras el metauniverso intenta cumplir esa profecía escrita en los decálogos del siglo veinte, que dice en letras de molde: “Serás número y no flor”; hay pequeñas rondas en pequeños lugares, donde grupos de jóvenes y adultos encienden canciones de respeto y honra a Dios.

¿Ideología?

En esas vigilias se comparte la esperanza y la emoción que nace de la gratitud.

¿Opio de las masas?

Se cree en Jesús, el Cristo crucificado. El que multiplicó los panes y los peces para la multitud hambrienta y sedienda de milagros. Que sanó enfermos e hizo ver a los ciegos y proclamó con voz serena que nunca, jamás, estaríamos solos.

¿Religión?

El que perdió en las placas por mayoría de votos contra Barrabás, cuando no existía Gran Hermano pero sí la conspiración. Y fue traicionado por uno de sus discípulos, quien a su vez también fue traicionado.

¿Ovejas?

Estamos en Semana Santa y por estos días, dos mil años después, se lo vuelve a buscar en su Palabra, en el libro que guarda su historia que es la Biblia.

¿Iglesia?

Esa Fe, para mucha gente, es una bendición que les ayuda a vivir, un sostén que les acompaña a superar dificultades y, también, a valorar logros, por más pequeñitos que sean. Y ser agradecidos.

Es Semana Santa y no es fácil escribir desde afuera, sin sentir la gravedad en el cuerpo del pollo colgado en su corta vida de suspiro, con su cerebro mínimo que no se pregunta ¿por qué no puedo correr en un gallinero siquiera?

O no sentirme la oveja mansa que camina segura junto al cayado que la guía entre rocas del precipicio. Y le brinda confianza, esa inmensa, necesaria, certeza.

“Felices Pascuas” rezarán los flyers y carteles que inundarán las redes sociales en tus celulares... que ojalá se apaguen todos de una buena vez mañana domingo al menos.

Para compartir la mesa sin interrupciones ni intermitencias, tan sólo familia y miradas a los ojos.

Tan sólo madre y padre, hijas e hijos.

Y Dios entre nosotros.

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