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Soy mano

Palabra, memoria y dignidad

15 de abril de 2023 - 08:19

Por Graciela Labale

Suelo escribir las columnas los días jueves, para estar tranqui a la hora de cierre. Antes de arrancar, repaso alguna que otra noticia. Hoy dice el periódico que un 13 de abril del 2015, murió el escritor Eduardo Galeano. Y remarco “dice el periódico” porque de verdad no siento que sea cierto. Es que siempre su palabra es tan cercana, tan dolorosamente actual a veces, que llego a la conclusión de que el uruguayo está más vivo que nunca. Y nadie pudo, ni podrá, matar su palabra, que hace culto a la memoria y a la dignidad.

Revisando su literatura tan profundamente latinoamericana, es inevitable cruzarse, por ejemplo, con “Los Nadies”, que pareciera escrito ayer y donde habla de quienes “ no figuran en la historia oficial…y cuestan menos que las balas que los matan”.

En uno de sus últimos libros “Los hijos de los días”, don Eduardo dedica una página a cada jornada del año. Por curiosidad busqué qué había escrito justamente un 13 de abril, el día que años después le tocaría partir y fíjense con qué me encuentro y con qué lo asocio para aseverar esto de la contemporaneidad que siempre tienen los textos del oriental.

“No supimos verte”

“En el año 2009 en el atrio del convento de Maní de Yucatán, cuarenta y dos frailes franciscanos cumplieron una ceremonia de desagravio a la cultura indígena: -Pedimos perdón al pueblo maya, por no haber entendido su cosmovisión, su religión, por negar sus divinidades; por no haber respetado su cultura, por haberle impuesto durante muchos siglos una religión que no entendían, por haber satanizado sus prácticas religiosas y por haber dicho y escrito que eran obra del Demonio y que sus ídolos eran el mismo Satanás materializado.

Cuatro siglos y medio antes, en ese mismo lugar, otro fraile franciscano, Diego de Landa, había quemado los libros mayas, que guardaban ocho siglos de memoria colectiva.”

Aquí y ahora, y desde acá a la vuelta, la Biblioteca Popular Palabras del Alma hace años acompaña a las comunidades guaraníes de Misiones, siendo testigo del avasallamiento y la depredación de la tierra y de sus naturales habitantes. Construye encuentro y educación, ahí donde el Estado no llega. Y por sobre todo, defiende su cultura desde el respeto a sus costumbres y a sus dioses. También los acompaña a conocer, sí, sí, bien digo a conocer, sus Cataratas del Iguazú, su lugar sagrado y que les pertenecen desde antes de todo. Allí, dando la bienvenida a los millones de turistas que la visitan año a año, hay una placa que homenajea a su “Descubridor”, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, ninguneando al pueblo mbya guaraní que vivía, cuidaba y era parte mucho antes de la llegada de los conquistadores. Faltaría un gesto de grandeza de quien corresponda, una “ceremonia de desagravio” y al menos reemplazar aquel bronce por otro que reivindique a sus legítimos dueños. Por eso en cada una de estas injusticias, Galeano está prepotentemente vivo.

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