Por Chino Méndez
Monitos marchadores
Mientras que el precio del dólar asciende hasta los cielos, aquí en esta parte de la tierra el colectivo no sabe muy bien hacia donde doblar porque en el horizonte de la línea recta espera, aparentemente, el precipicio. No hablo del bondi eh, ni del pasamano, ni de la SUBE; aunque si me pongo algo metafórico bien podría hacerlo y más aún en estos días. Lo que intento describir modestísimamente son las sensaciones de algunos a los que este año la democracia convocará a participar. Parasitando opiniones están los medios dominantes, quienes sacan a relucir la inseguridad y la violencia como una novedad y dan micrófono a los discursos dolarizantes y de mano dura. Y ahí vamos los montones, sin entender demasiado, dando por cierto los datos y las sentencias que se repiten, queriendo apresurar el calendario a partir del día 10, estirando el rígido mango que se rompe a pedazos.
Allá lejos, en donde algunos buscan tendencias, se sube la edad jubilatoria y llegan noticias (ya no tan) de ciencia ficción, como lo de la inteligencia artificial. Y es que al factor humano se lo pasan por el culo. Constantemente nos están diciendo en todos lados que sobramos, que generamos costos sino respiramos para generar ganancias, claro que en nuestras manos no caerán dichos beneficios, pero resulta que la pragmática reflexión económica sugiere más esfuerzo de nuestra parte para que unos señores vuelvan a confiarnos sus inversiones y así nuestro hartazgo tenga una ecuación más o menos justa.
¿Y hacia dónde vamos? ¿Cuál es el camino? Algunos creemos saber la senda que no debemos tomar, alguien querrá salvarse sólo junto a los suyos, otro abrazará a la biblia con una ilusión legítima, el fulano seguirá puteando como loco detrás de las noticias y el amigo no querrá ver a nadie y la mengana saldrá a pelearla como sea. La cuestión es que nunca sabemos ni siquiera el apodo del que realmente conduce ni del aquelarre que continúa trazando este cíclico mapa nuestro.
Infinidad de “monitos marchadores” (diría Constantini) que buscan una hendija en esta historia para caminar erguidos y, acaso, así dar fe a la teoría de Darwin. Monitos y monitas que aún creen en mentiras decorosas y en el amor y en el deseo, que se besan a trasluz de todas las realidades económicas, que escriben poemas y hacen canciones y bailan, que siguen vivos, a pesar de todo. Marchadores sí, pero encargados, sin embargo, de mantener vivas a la risa y a la tristeza, evocando a la belleza a pesar del espanto que siempre nos resta. Centinelas de la esperanza. “Maravillosa entrega”. Ahora que nuestra realidad es blue y aunque los celulares en verdad nos atomicen, y para terminar permítanme esta premura, esta necesidad y esta rabia de creer en nosotros.