Un lugar mágico donde la Virgen eligió quedarse

por ZulmaVelázquez*
viernes, 1 de junio de 2012 · 00:00

Cuando llegué a Zelaya junto a mi familia, encontré mi lugar en el mundo. Es un sitio mágico y atrapante. Desde el inicio me sentí incluida, los vecinos se acercaron y ofrecieron su ayuda desde que comenzamos a edificar. Vivían aquí unos 2.500 habitantes y la mayoría desarrollaba sus actividades laborales en la granja y molino San Sebastián, el Ferrocarril y Akapol.

Las quintas de verdura reverdecían, y veíamos pasar las camionetas cargadas de flores rumbo al mercado. Unos 20 trenes locales con combinación Victoria - Retiro trasladaban trabajadores y estudiante a diario.

En los terrenos linderos pastaban vacas y ovejas; hoy me doy cuenta que no tuve que pasar por un periodo de adaptación, porque encontré lo que estaba buscando y eso que venía de una ciudad. Lo más lindo de este pueblo es su geografía, su historia y su gente.

Recuerdo los campos ondulantes sembrados con lino, cubiertos de color azul o con girasol totalmente amarillo; pararse en una de las lomas y observar alrededor. El río (un brazo del Luján) y lo importante de su humedal.

¿Qué puedo decir de su gente? Todo el mundo se saludaba aún arriba del colectivo, y el saludo era en general cuando se llegaba a un lugar.

En estos 15 años muchas cosas han cambiado y algunas para mejor como la plaza, la escuela primaria (que desde el 2006 tiene agregada la secundaria de jóvenes y adultos), y el jardín de infantes con una matrícula creciente. A la antigua y hermosa capilla que hoy en día es parroquia se le agregó una edificación y cumple una función muy importante en el pueblo, por ejemplo un vía crucis que nos trajo más de 4.500 visitantes. Todo esto, que parecen sólo edificios, contiene la calidez y la fuerza de los lugareños.

El club, el centro de jubilados, la sociedad de fomento y el centro tradicionalista son espacios creados por la comunidad y que mantienen la amenidad entre los vecinos.

La población ha crecido mucho en estos 15 años. Algo notable es que los jóvenes no parten como en otros pueblos, compran o edifican cerca de su familia. Hay una gran población joven y ni hablar de la infantil, tal vez porque los centros urbanos están realmente cerca y les dan una gran oportunidad para desarrollarse.

Sin embargo, hoy hay varias deudas pendientes. Desde lo gubernamental, el transporte en retroceso o bien ampliar edificios de escuelas y del jardín con urgencia. Si bien están cuidados por sus cooperadoras, no han acompañado el crecimiento de la población. Con un médico las 24 horas la sala cumpliría su función en forma adecuada.

Ya no están más la granja y el molino, quintas quedan pocas y los viveros ya no trabajan tanto. La estación permanece cerrada y quedan muy pocos ferroviarios. El asfalto en las calles internas y el escurrimiento adecuado del agua mejorarían la calidad de vida de la gente.

Si bien existe algún que otro episodio de violencia depende de todos nosotros que esto no crezca porque de todas maneras sigue siendo controlable.

Para los próximos 15 años me imagino a Zelaya con las obras cumplidas, y que los centros de educación que hoy funcionan en el pueblo logren su cometido.

Cada vez que recorro este lugar comprendo por qué Nuestra Señora de Luján eligió este sitio para quedarse, porque aquí comenzó el milagro.

Hay tantas cosas para escribir, pequeños hechos que forman la historia del lugar que elegimos vivir voluntariamente… Omito algunos y olvido otros, pero de algo estoy segura: se los contaré dentro de 15 años, cuando vuelva a escribir esta columna y me encuentre con ustedes.

 

* Ama de casa. Participante activa de organizaciones sociales de Zelaya

 

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