Un lugar: Fátima. Un espacio: kilómetro 62 Autopista Pilar-Pergamino

por Donato Di Santo*
viernes, 1 de junio de 2012 · 00:00

Cuando me propusieron hacer la nota sobre Fátima, inmediatamente me vino a la mente una interesante idea del sociólogo Manuel Castells sobre los lugares y espacios que a uno le toca transitar a diario. Para él, hay una diferencia entre espacios y lugares. Mientras un “espacio” se agota en simples coordenadas geográficas, un lugar nos habla de una trama de sentimientos y construcciones comunes…

Es así que desde mi llegada a la localidad de Fátima, hace ya casi diecisiete años, he sido testigo y partícipe de los cambios que se han producido en este “lugar”. En otras palabras, “el lugar” ha desaparecido en el “frenesí de la globalización” de los últimos años, y este desdibujamiento del lugar tiene consecuencias profundas en la identidad de la localidad.

Este es, de hecho, un sentir creciente de aquellos que, como yo, trabajamos en la intersección del ambiente y el desarrollo de las personas. Es por ello que, como docente, he confrontado y confronto a diario junto a los movimientos sociales con esta realidad, para mantener una fuerte referencia con el lugar y su gente.

El espacio tiene características, nunca carácter. En los últimos quince años se ha transformado el lugar en un “espacio” de tierra extensa, desconocida, extraña y peligrosa. Siendo el espacio construido, una transformación del entorno agreste, para sólo satisfacer las necesidades humanas.

Aquel “lugar” al que había llegado a fines del siglo XX poseía cualidades intangibles que se basaban en las experiencias de sus hombres y mujeres. Fátima era un centro de acción e interacción entre su gente. Ese lugar iba más allá de sus atributos físicos, tales como su extensión  o su ubicación en el distrito.

A través del tiempo, la estación Empalme - Lacroze, con la intervención de su gente se había convertido en el lugar llamado Fátima, al que hoy no nos resignamos a perder. La primera década del siglo XXI se llevó consigo referencias históricas que hacían a la localidad: la estación de servicio Bisso, el mojón viviente de la localidad; la familia Galvagno (y el empuje de María), los Lavallén y sus almacenes… hasta la parroquia nos han quitado, ni siquiera al padre Lino nos han dejado.

En cambio, nos han impuesto una autopista que ha entorpecido la vida cotidiana de miles de familias, y que para su trazado jamás se nos tuvo en cuenta.

En este tiempo se han construido junto con los vecinos, la cooperativa, una escuela secundaria pública y gratuita, el destacamento policial y la plaza. Además crecieron los barrios abiertos, pero más aún los barrios cerrados. Todo esto vino a completar el espacio agreste de la ruta 8 kilómetro 62, del que todos esperamos que se convierta en el lugar que queremos.

El nivel secundario, que en los años ‘70 se había perdido, se recuperó, y hoy la Escuela Secundaria 9 “María G. de Galvagno”, la Escuela Primaria Nº 17 “Manuel Belgrano”, y el Jardín de Infantes Nº 902 “Baldomero Fernández Moreno” son una referencia válida cuando aludimos a la localidad de Fátima, cada una de ellas dejando su impronta en la educación de la localidad.

La educación secundaria en los últimos 15 años ha sido también partícipe de grandes cambios como los que ha tenido la República, dos grandes reformas han puesto sobre el tapete todas las cuestiones esenciales de la vida en sociedad: nuevas materias, nuevos contenidos, nuevo régimen de disciplina, inclusión de nuevos sujetos, educación sexual, obligatoriedad, derechos de niños, jóvenes, adolescentes y adultos mayores, centro de estudiantes, derechos humanos, y todo lo hemos abordado con responsabilidad. Pero en Fátima la historia nos marcó un camino que hoy nos identifica: hacer memoria sobre el hecho que aconteció en la localidad, conocido como la Masacre de Fátima.

La conducción de la escuela adhiere a grandes cambios para la mejora de la sociedad, sociedad que no termina de resolver sus problemas y muchas veces pareciera que los agudizara. El involucramiento de los jóvenes en la política es algo que desde la escuela aplaudimos y apoyamos. Ojalá ese sea el camino para que en los próximos años los cambios (no es necesario identificarlo con progreso), y la política, resuelvan los problemas de los hombres y mujeres, que dejemos de llenar espacios y volvamos a ser lugares de referencia.

Me gustaría ver cómo las próximas generaciones de fatimeños, llevan adelante los sueños de tantos argentinos (Cacho Esparraguera, Cacho Cuello) y volver a viajar de Lacroze a Zárate en un tren local, uniendo almas y  proyectos de todos. Volver al tren, que los próximos años ese sea el objetivo.

El cooperativismo ya es una realidad, Cosefa SRL debe dar ese gran paso que todos esperamos y se transforme en la gran cooperativa que soñó ser. Que los caminos se abran para los que llegan y los que se van. Y que Dios atienda en ambos lados de la autopista.

 

*Director de la Escuela Media Nº9 de Fátima

 

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