Yo soy de aquí

por Nora Siderman*
viernes, 1 de junio de 2012 · 00:00

El crecimiento del Kilómetro 50 y de otras coordenadas más, a lo largo de la Panamericana, se fue dando en forma fragmentada y con acciones privadas. Entre estos fragmentos el espacio público quedó vacío, indiferente y sin programa, reducido sólo a la circulación.

Nuevos habitantes eligieron replegarse dentro de barrios cercados y vigilados debido a la sensación de peligro que sienten respecto del espacio público exterior. Su ámbito barrial y sentido de pertenencia se limita a su “barrio privado”.

El espacio público crea una dimensión y escala socio-territorial que el habitante urbano reconoce como propia y en cuyo seno puede actuar y opinar en forma personal y sin necesidad de representantes. Dialoga con sus vecinos, formula ideas, participa. Es en la escala urbana donde puede fortalecerse la democracia participativa.

La ausencia de ese espacio público crea una fisura en la estructura urbana y obviamente en la sociedad.

La plaza, las calles, las veredas, que son el ámbito que en los barrios tradicionales permiten o permitieron desarrollar actividades sociales comunitarias, en estas nuevas urbanizaciones están ausentes. Las nuevas plazas toman forma de patios de comida, explanadas de shoppings y cines, estacionamientos, etc. Todas iniciativas comerciales privadas y para el consumo.

Hoy, el desarrollo tecnológico, Internet, redes sociales permiten puntos de contacto pero no de encuentro.

El espacio público es la superficie donde una comunidad se puede encontrar, reconocerse y superarse.

Ciudades como Medellín, en Colombia, utilizando el concepto de urbanismo social y teniendo como meta la transformación de una sociedad en profunda crisis, construyeron infraestructura, equipamiento educativo y cultural, espacios públicos donde “todas” las personas se pueden encontrar. Un hermoso ejemplo de esto es una obra que hicieron en un punto de corte radical de la ciudad: construyeron un gran techo, como un pabellón, con una gran marquesina que empezó a generar actividades y sustento económico. Exposiciones, ferias y conciertos lo han consolidado como un lugar de referencia de la ciudad.

Alrededor de este espacio se fueron creando otros, como el Museo de Ciencia y Tecnología, un Centro Cultural, El Parque de los Deseos.

Pilar tiene un potencial de desarrollo fantástico, su crecimiento así lo demuestra. Es una obligación pensar en el impacto de este crecimiento en la sociedad, por ello desarrollar programas de urbanismo social reviste tanta importancia. Es un trabajo que se concreta con buen liderazgo y voluntad política, y en conjunto con los ciudadanos y las organizaciones locales.

Crear y desarrollar espacios que nos reúnan, que nos permitan integrarnos socialmente a todos: los nuevos y viejos pilarenses, los de cualquier kilómetro, ruta, calle o paraje. Fortalecernos, escucharnos y superarnos como comunidad, sentirnos orgullosos de pertenecer a Pilar.

 

*Arquitecta (www.norasiderman.com.ar)

 

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