JÓVENES POR EL MUNDO

En Dinamarca con Julieta

Licenciada en Lengua Inglesa, Julieta Nievas decidió dejar su trabajo estable para irse a vivir afuera un año. El destino: Dinamarca. Aunque es una experiencia que recomienda, una vez cumplido ese plazo piensa volver porque “no hay como el quilombo (sic) de mi país”

El frío europeo la trata muy bien a Julieta Nievas, una joven pilarense de 26 años que decidió dejar la estabilidad laboral de su vida en Argentina para irse a cumplir un sueño: viajar por el mundo un año y con la compañía de su novio.

"Juju”, como le dicen sus íntimos, nos abrió las puertas de su casa en Copenhagen para contarnos todo sobre una experiencia a la cual, día a día, se suman más jóvenes.

¿Hace cuánto estás viajando?

En realidad, mi primera experiencia de irme a vivir a otro lado fue acá en Argentina. En 2014, dejé mi trabajo de profesora de inglés en el colegio Verbo Divino para irme a vivir a Córdoba, porque mi novio es de allá. Y el 12 de enero de este año llegamos juntos a un lugar completamente distinto. Nos vinimos por un año a vivir a Dinamarca.

Al principio mi ansiedad era terrible, no solo porque no conocía Europa sino sobre todo porque iba a arrancar una vida nueva en un lugar desconocido.

Un mes después de haber llegado me subí a otro avión, esta vez con destino a Alemania. Visité a una amiga en Frankfurt y a otro amigo en Heidelberg. De repente uno se va dando cuenta que tiene más amigos en Europa de los que suponía, ¡y eso es genial! No sólo porque te pueden dar hospedaje y comida gratis, jaja, sino sobre todo por todas las anécdotas que te cuentan, eso te va empapando un poco sobre la idiosincrasia del lugar.

Ahora ya tengo pasaje para mi próximo viaje. Eso es lo bueno que tiene Europa, está todo tan cerca que viajar es mucho más fácil. De país a país te podés mover en algunos casos en micros de larga distancia que te salen un par de euros.

Volviendo a mi próximo destino, el 1 de mayo volamos a Escocia y pensamos tomarnos un mes y medio para recorrer también Irlanda e Inglaterra. Después planeamos seguir por Paris y Praga y de ahí volver a Alemania para visitar Berlín, que no pudimos conocer todavía. Una vez que estemos de nuevo en Dinamarca, ¡a planear otro destino!

¿Dónde están viviendo?

En Copenhagen, en un barrio que se llama Nørrebro. Llegamos sin tener nada alquilado, solo la reserva de un hostel por 4 días. Obviamente la estadía en el hostel se extendió un par de días hasta que, después de mucho buscar, pudimos dar con una habitación. Acá alquilar un departamento es casi imposible, son muy caros.

Finalmente, y después de mucho charlar, un indio nos alquiló un cuarto, no sin antes advertirnos sobre todas las cosas que NO podíamos hacer.

Después de un par de intentos fallidos para invitarlo a tomar mate decidimos hacer intercambio de comidas. Quedó encantado con las milanesas y las pizzas caseras. ¡Y ni hablar del bizcochuelo con dulce de leche casero! Eso sí, con el fernet no tuvimos éxito, jajaja. Nosotros casi morimos cuando nos cocinó aros de cebolla picantes.

¿Por qué decidiste irte?

Hacía ya unos meses que mi novio y yo veníamos charlando la posibilidad de irnos a vivir a Europa. Estábamos buscando una experiencia que nos volara la cabeza, así que nos pusimos a averiguar. Lo primero que pensamos fue conseguir la Visa para ir a Australia o Nueva Zelanda , pero después vimos que hay muy pocas chances de conseguirla. Así que dimos con la Working Holiday Visa para Dinamarca. Es facilísimo: mandabas un sobre con los documentos necesarios a la embajada de Noruega y ellos, en base a eso, te mandan un mail otorgándote la Visa para irte.

¿Pensás volver o tu idea es quedarte allá?

Nos vamos a quedar un año, que es el plazo de la Visa, pero después vamos a volver. Si bien estamos felices acá y estamos viviendo una experiencia increíble, no viviríamos acá. Es verdad que acá no hay corrupción, todos tienen trabajo y las cosas funcionan perfecto pero…seguimos prefiriendo nuestro país con sus días soleados y su "quilombo”, el asado con amigos y el mate con facturas junto a la familia.

¿En qué aspectos creés que creciste?

No estoy hace mucho y sé que voy a crecer muchísimo en distintos aspectos. Por el momento te puedo decir que no soy la misma Julieta que llegó, hace dos meses. Todos los días crecés un poquito, la gente te enseña todos los días una lección. Te das cuenta que no sabés nada, aunque creías que te las sabías todas.

¿Recomendarías esta experiencia? ¿Por qué?

Sin duda la recomiendo porque te abre la cabeza. No hace falta tener mucha plata sino, muchas ganas. Cuando nos propusimos este viaje con mi novio, empezamos a trabajar más horas. Dormíamos poco y ahorrábamos mucho, pero valió la pena. Obvio que hubo gente que nos dijo que estábamos locos y no entendían cómo podíamos renunciar a nuestros trabajos estables para irnos a un lugar en el cual nuestros títulos universitarios no valen nada. También estuvieron los que nos quisieron transmitir sus miedos con los famosos "¿y si…? Y si nada. ¡Afuera el miedo, que es el enemigo más grande que podemos tener a la hora de cumplir nuestros sueños! ¡Hay que jugársela más!

¿Qué es lo que más extrañás del país y qué lo que menos añorás?

Lo que más extraño es el sol, acá pueden pasar días sin que aparezca, y llueve casi siempre. El tema de la comida no es tan grave si uno se las rebusca. Nosotros nos trajimos 2 kg de yerba y la podés conseguir por internet. También improvisamos un dulce de leche casero, ¡y pronto se vienen las empanadas! A la familia y a los amigos también se los extraña mucho, pero pro suerte hoy en día es muy fácil estar en contacto.

¿Lo que menos extraño? Corregir exámenes los fines de semana, jajaja.

Una anécdota

Durante nuestra estadía en el hostel, aprovechábamos la cocina de uso común para ahorrar unos pesos. Un día hicimos unos fideos. Teníamos todo pero nos habíamos olvidado de comprar sal. Buscando un poco en las alacenas encontramos un paquetito de "hjortetaksalt”. Por lógica, si "salt” era sal en inglés, habíamos encontrado lo que estábamos buscando. Felices, le pusimos con ganas "hjortetaksalt” a nuestra comida. Después de probar el primer bocado empezamos a sospechar que el contenido de ese paquetito era otra cosa. Efectivamente, ¡habíamos condimentado nuestros platos con bicarbonato de amonio! Desde ese día, nos fiamos más en el traductor de Google porque nuestra lógica claramente puede fallar

 

 

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