entrevista

"La clave de un éxito es la paciencia"

Las obras de Moche Atroche despiertan admiración en el país y las salas europeas. Un artista joven con la Ilustración como punto de referencia y modo de vida.

"La clave de un éxito es la paciencia"

Por Alejandro Lafourcade

a.lafourcade@pilaradiario.com

Desde que irrumpió en la escena artística local, cuando apenas superaba los 20 años, causó sorpresa por la exactitud y nivel de detalle de sus dibujos. Claro que, además, su seudónimo no pasó desapercibido: Moche Atroche (Rubén Martínez Contreras) fue abriéndose camino y hoy disfruta de una carrera a la que no se le advierte el techo.

El joven de 29 años cobró notoriedad en 2012, cuando fue seleccionado para formar parte de la exhibición del Salón Nacional de París, con una obra dedicada al estudio del cuerpo humano. Desde ese momento, comenzó una relación con Francia que no se ha interrumpido.

El artista explica que "mi interés está volcado en el cuerpo humano, un tema que se trabajó a lo largo de toda la historia del arte. Puedo ver la belleza que podemos encontrar en el cuerpo y descubrirla en el mundo que me rodea. Por ejemplo, en la arquitectura debe haber soportes para las estructuras, como si fuesen los huesos, y a la vez ser algo realmente bello”.

-¿Ese pensamiento sigue presente en tu obra actual?

-Estoy con varios proyectos, un artista siempre está en movimiento, la cabeza está trabajando. También es un problema, porque es un trabajo de 24 horas, constantemente uno está pensando su obra. Actualmente mi actividad se separa en tres líneas: una son los estudios de anatomía, me vinculé con médicos, presencié cirugías… La segunda es la parte poética, a la que yo llamo "instancias visuales”, que tiene que ver con lo escrito. Tomo una frase o palabra, y una vez digerida la información, se vuelve boceto. Pongo música y empiezo a componer la obra. Y la tercera línea es el trabajo con vidrio, tallando al buril, remitiéndome a los antiguos grabados. Si se repara en mi vestimenta, mi manera, mi punto es dar énfasis a lo que fue la Ilustración, donde prevaleció el conocimiento. Busco revalorizar las técnicas y pensamientos de aquellos años.

-Un concepto que estudiás, pero también aplicás…

-Cuando uno aprende un idioma lo mejor es zambullirse en él, en su cultura, su melodía. En el arte es lo mismo, quiero zambullirme en el pensamiento y la estética de aquella época.

-¿Cuándo decidiste tomar esta postura?

-Es una postura cargada de simbología, desde el nombre de Moche Atroche. Me era difícil combinar esa parte creativa, que tiene que ser despreocupada y libre, con la cuota de responsabilidad, de tener los pies sobre la tierra. La vieja expresión española "a troche y moche” era usada por los leñadores cuando lanzaban golpes de machete para abrirse camino. Muchas veces no sabemos lo que hacemos, pero lo hacemos para abrir un camino. Lo bueno es que ese nombre siempre le saca una sonrisa a la gente.

-¿Podés separar a Moche Atroche de Rubén?

-Cada vez que me meto en mi obra, siento que me elevo, me desarrollo a nivel espiritual e intelectual. En mi vida profana, como dicen los franceses, soy Rubén, y en mi vida artística soy Moche. Hay que ser consciente de que en nuestro país el artista tiene que ser su propio promotor, entonces no puede vivir volando, tiene que tener los pies sobre la tierra y saber gestionarse.

Aprendizajes

Moche recuerda que hace algún tiempo, "dando clases, hablando con uno de los niños que tengo a cargo, le dije que lo importante es tener paciencia. La clave de un éxito es la paciencia, si tenemos esta cualidad vamos a entender que las cosas tienen un tiempo. Me ha ido bien y mal, fue tal vez lo que me fue mal lo que me motivó a seguir. Todo es un aprendizaje. Hay que entender que todo es un camino”.

-¿Es necesario ese pensamiento para para bajar la ansiedad de los alumnos jóvenes?

-Desde mi punto de vista, es una gran verdad que el mundo va cada vez más ametrallándonos con cosas, nos vamos volviendo más acelerados. Un minuto vale mucho, eso nos vuelve ansiosos. Se lo transmitimos a los chicos y se vuelven personas ansiosas. Pero el conocimiento lleva su tiempo, si queremos que quede grabado en nuestra mente. Antes me planteaba todo como éxitos o fracasos, hasta que hablando con un amigo me dijo que tal vez tenía que pensar si eso funcionaba o no. Que pensara como en una carrera, más prolongada, con momentos buenos y malos. Ahora disfruto más, no me juzgo con tanta dureza.

-¿Con qué panorama se encuentra un artista en Pilar?

-Desde un principio fue difícil, hubo muchas cosas que me faltaron acá, pero otras me dieron un gran peso: nos juntábamos con algunos compañeros en El Colonial los viernes en la noche, a debatir de arte casi hasta el cierre. Teníamos una idea y la sosteníamos hasta lo último. Era un constante aprendizaje, un cultivar este compromiso con el conocimiento, eso me lo dio Pilar y no lo puedo negar. Por eso trato de brindar a la gente aquello que a mí me faltó, para que haya una evolución y que no sea necesario viajar a Capital para adquirir un conocimiento.

-Hablando de viajes, ¿hay alguno viaje planeado próximamente?

-Hay oportunidades, apenas pueda acomodarme sin dudas lo voy a hacer. Hay una posibilidad en Japón, además de Francia, por eso tengo que traducir mis experiencias al japonés y al francés. Espero que mis contactos me tengan paciencia (risas).

-¿Al viajar sos consciente de que estás representando al país y tu ciudad?

-El artista es un educador y también un comunicador, y para mí eso es una gran responsabilidad, un compromiso. Antes el artista buscaba ser el oficial de una corte, me gusta ese romanticismo. Ser considerado un artista de Pilar para mí es un gran peso, llevo conmigo al lugar que me formó.


Los inicios

Aquellos 100 pesos salvadores

Al terminar el Secundario en el Instituto Modelo, Moche Atroche atravesaba un período de incertidumbre, sin saber si podría dedicarse al arte. Le gustaba dibujar y pintar desde que era un chico y jugaba con los acrílicos de su madre, pero no encontraba apoyo.

Siendo un adolescente vendía sus dibujos en la calle, pero todo cambió cuando encontró tirado un billete de 100 pesos: los usó para inscribirse en el Instituto Superior de Arte de Pilar y su carrera ya no se detuvo.

Comenzó una formación que llevó 5 años, junto a un taller de pintura realizado en la Universidad de Luján. Además, en 2008 obtuvo el primer premio en el concurso TelViso, y su primer viaje a Europa fue solventado por un mecenas, justo después de haber sido estafado en la venta de tres obras.

-¿Qué hubiese pasado si no te encontrabas ese billete?

-(risas) No sabemos… Mi padre siempre procuró lo mejor para mí, creció y vivió toda su vida en el campo en Uruguay, cuando le dije que quería ser artista fue lo peor que le podría haber pasado... No lo compartía. Me fui a vender mis dibujos a la plaza, hasta que un día me encontré esos 100 pesos que me dejaron empezar.

Moche comenta que "mi padre vio que realmente me gustaba, él ganó confianza en eso. Por más que a veces no entiende las vueltas con las que salgo, mi familia fue mi mejor mecenas, tanto a nivel económico comprando materiales, como en la fortaleza, el temperamento necesario para mantener este camino. Lo que antes fue conflictivo hoy es una gran armonía”.

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