Entrevista

Oscar Furlong, la vida color naranja

Es uno de los grandes de nuestro deporte. Brilló como campeón mundial de básquet y hasta fue capitán de Copa Davis. Cerca de cumplir los 90, repasó con El Diario una trayectoria brillante.

Oscar Furlong, la vida color naranja

Furlong pasa sus días en su casa de Mayling.

Por Alejandro Lafourcade

a.lafourcade@pilaradiario.com

Allí, en ese Olimpo donde viven los grandes del deporte argentino, junto a Maradona, Vilas, Ginóbili, Fangio, Monzón, Sabatini, De Vicenzo y unos pocos más, también habita Oscar Furlong.

El primer ídolo del básquet argentino, jugador de nivel internacional ya en los ’50, es desde hace décadas vecino de Pilar. En una entrevista con El Diario, Pillín (su apodo de siempre) repasó una trayectoria llena de logros, que incluyeron no sólo a la pelota naranja sino también al tenis.

Su casa es fácilmente identificable: un tablero con aro de básquet está ubicado en la entrada, como no podía ser de otra manera. "Mi vida en Pilar es bastante tranquila –comenta-, vivo hace más de 30 años en Mayling, desde que se fundó. Aquí ando, la paso bien, con gente agradable. Eso sí: siempre mirando deportes por TV, constantemente, todos los días hay algo que ver”. Así pasa sus días junto a Giselle, su esposa y compañera.

Furlong, que en octubre cumplirá 90 años, es parte de una familia de deportistas. Su padre padre fue fundador y presidente del club Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque, el único club en el que jugó durante su trayectoria en el país. En sus comienzos, las canchas de básquet eran al aire libre, con piso de polvo de ladrillo. "Uno de las arreglaba... Me gustaba la distribución de juego, a pesar de que fui goleador del Mundial, aunque no era morfón (risas)”.

El Mundial al que hace referencia es nada menos el primero que tuvo el básquet, organizado por Argentina en 1950. En un Luna Park repleto, Pillín y compañía derrotaron 64-50 a EE.UU. en la final y se convirtieron en leyenda.

"Teníamos un buen equipo –afirma Furlong-, ya desde el ‘44 o ‘45 jugábamos prácticamente los mismos en la Selección. Tuvimos varias giras, sobre todo por Brasil, donde también jugamos un Sudamericano, y los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, donde casi le ganamos a EE.UU., perdimos por 2 puntos”.

En esos Juegos, el plantel debió entrenarse arriba del barco, durante una travesía de dos semanas. Una vez en Londres, fueron testigos de la hazaña de Delfo Cabrera, ganador del maratón ("estábamos en el estadio y lo vimos ganar, fue muy lindo”).

En el Mundial ’50, la base de Argentina era Villa del Parque, junto a otros cracks como el Negro Oscar González, de Palermo, el gran amigo que le dejó el básquet.

"El día de la final el estadio estaba repleto, tuvieron que poner el ómnibus sobre la vereda al lado de la puerta, si no, no podíamos entrar. Concentrábamos en River, y luego del partido el colectivo tomó por 9 de Julio y fuimos a comer al restorán El Tropezón, en avenida Callao”.

El extranjero

Luego del título llegó el llamado para jugar en EEUU: por amistades, Oscar ya conocía el país y varias veces le habían ofrecido becas para el básquet universitario. Tras dudarlo, aceptó una beca en Universidad Metodista del Sur, en Dallas; aunque antes desistió de ir a jugar al Racing de París.

"Jugué tres o cuatro años en la NCAA –la liga universitaria-, fue muy lindo, EE.UU. es un gran país y su vida universitaria es especial. La gente fue muy agradable”.

Y asegura que "no me costó la adaptación en el juego, sí tiraba menos que ellos, porque era más armador y pasador, me gritaban que tirara. Yo no la volcaba ni por joda (risas), no llegaba. El que llegaba lo hacía…”.

Todo parecía dado para desembarcar en la NBA, más de 40 años antes de la llegada de un argentino. Cuando terminó la universidad llegó la oferta de Minneapolis Lakers (hoy Los Ángeles Lakers): "En esa época los contratos eran de 25 mil o 35 mil dólares, cifras muy distintas a las de ahora. Pero ya tenía ganas de volver al país, no quería ser profesional, la vida iba a ser muy dura porque ya en esa época se jugaba casi todos los días, como ahora. Acá se jugaban dos partidos por semana, a veces tres”.

Además, un dato no menor es que la FIBA no permitía a los jugadores profesionales, lo que a Pillín le hubiese cerrado el regreso a Parque y a la Selección.

"Nunca me arrepentí de rechazar la NBA, además también jugaba al tenis, me gusta vivir acá. Dejé la competencia oficial cerca de los 30 años”.

Regreso

Sin embargo, el regreso –en 1956- no fue fácil: la Revolución Libertadora quería borrar todo vestigio de peronismo y en la volteada cayeron los campeones del ’50. Para ello, usaron como excusa acusarlos de "profesionales” por un permiso para importar automóviles que les habían dado como premio.

"No es cierto que Perón nos regaló un auto, nos dieron un permiso para importar, que en esa época era difícil de conseguir. Pero teníamos que pagarlo nosotros al auto, nos daban la papeleta…”, dice hoy.

Tras unos pocos partidos en Parque, Furlong se radicó en Córdoba para trabajar en la IKA Renault como gerente de Relaciones Públicas. Allí profundizó su pasión por el tenis, que también lo tuvo como un gran jugador de la época.

Tanto es así, que Oscar Furlong fue capitán de Copa Davis entre 1966 y 1977, llegando a semifinales con Guillermo Vilas y José Luis Clerc. "Entrenaba al equipo de tenis como hacía con el básquet –recuerda-, porque los tenistas no se entrenaban bien físicamente”. Y añade que Vilas "venía desde Mar del Plata y a veces vivía algunos días en casa. Ya se notaba que jugaba muy bien”.

Lazos

"Siempre seguí y sigo ligado al deporte, ahora con mucha menos participación. Hoy me dedico a mirarlo”, dice Furlong en su casa pilarense. Como espectador calificado, indica que "los jugadores de ahora me despiertan admiración. Ginóbili es un gran jugador, con habilidad, tiene casi 40 años y sigue jugando bien... Lo admiro, es un fenómeno. Nocioni también. Con la Generación Dorada estuve en algún evento, una o dos veces, pero charlamos poco. Luis Scola sí ha estado en casa, estuvimos charlando, es muy buen muchacho”.

Además, asegura que la Generación Dorada "se puede repetir, la nuestra también fue una camada que se formó en una determinada época. Se puede dar”, y agrega que "un jugador de antes con la preparación actual podría jugar hoy, como el Negro González, no tendría problemas”.

Mientras recuerda su trayectoria, a pocos metros de allí se agolpan cuadros, premios, recuerdos y hasta la camiseta del Mundial ’50, enmarcada. Afuera, el aro de básquet es usado a veces por chicos que se acercan a tirar, conscientes de que allí vive nuestro primer Ginóbili, nada menos que Oscar Furlong, el gran Pillín.

DATOS DE UN GRANDE

-Fue goleador y jugador más valioso (MVP) del primer Mundial de Básquet, lo que le abrió las puertas de EE.UU.

-Desde 2007 miembro del Salón de la Fama de FIBA. Es parte de la primera camada, junto a Bill Russell y Drazen Petrovic.

-Actuó en la película "En cuerpo y alma” con Armando Bo, película de básquet que buscó emular el éxito de "Pelota de trapo”.

-En 1980 fue ganador del Premio Konex de Platino, como figura destacada de nuestro básquetbol.


 

Comentarios Libres