Editorial

Percepciones

Por Esteban Eliaszevich

Percepciones

Cape Town sacude sentidos.  
Allí llaman robot al semáforo y su legado europeo se refleja en la arquitectura, por cenar temprano y por la excelente red vial y respeto por las normas de tránsito, que permite trasladarse de un lado al otro casi sin sofocón. 
Digo casi porque en las rutas a veces no se encuentra una estación de servicio por cientos de kilómetros, y ahí sí la cosa se complica. 
En las carreteras, además, es usual ver gente caminando, y otra tanta, haciendo dedo. Hasta ahí nada extraño, salvo que exhiben billetes (Rands) para ser transportados. 
También quiero referirme a los townships, similares a nuestros asentamientos. 
Suelen encontrarse a la entrada de las ciudades, pueblos o balnearios y exhiben una precariedad absoluta. Las casillas de madera parecen cajas de fósforos y algunas, ni siquiera tienen ventanas.  
Por el tema seguridad confieso que en casi cuatro semanas de periplo, no observé hechos violentos de ninguna índole. Con los recaudos habituales de nuestras latitudes, allá basta.
Otra curiosidad es que entre los once idiomas oficializados del país se oyen afrikáner, de la etnia colonizadora holandesa, inglés, o el nativo isi xhosa, cuyo lenguaje de origen bantú suena curioso por los continuos chasquidos de lengua, símil galope. “Muchas gracias”, entonces, puede decirse Baie dankie, Thank you very much o Enkosi kakhulu, respectivamente. 
En el Cabo Occidental también es usual ver siempre gente bailando. En la ciudad, campo, playa, rutas, calles o donde sea, siempre hay algún ser moviendo el cuerpo al compás de la música. A veces hasta puede ser imaginaria, pero ellos igual, bailan, bailan, y bailan; contagian ritmo. 
Noté también que las mujeres de color visten ropaje colorido: cubren su cabeza con pañuelos, sombreros, turbantes o gorros de lana, y cargan los bebés a las espaldas, envueltos en una toalla. En centros urbanos, zonas rurales y ciudades balnearias, además, se ve cantidad de gente caminando descalza; un hábito que no distingue clase social ni edad, considerado saludable. 
Resta hacer una mención a sus vinos Ivory, Chenin y Chardonnay entre los blancos y Ebony, Shiraz y Pinotage, entre los tintos, honran su fama y posicionamiento a nivel mundial. En Sudáfrica se bebe rico, y bien.
Para el final quiero hablar de su naturaleza; gran alteradora de percepciones. 
Al marco de océanos, arenas, acantilados, bahías, montañas, valles o selvas, hay que agregar el encuentro de ejemplares magníficos como ballenas, tiburones blancos, rinocerontes, búfalos, elefantes o leones, entre otros. Conmovedor.
Si los viajes legan conocimiento y sabiduría, Sudáfrica, manual a cielo abierto, instruye en disciplinas múltiples. Ciudad del Cabo, Península Cabo Buena Esperanza, Rutas del Vino, Costa Overberg, son sólo capítulos aleccionadores. 
Y compartirlos con ustedes, la razón de ser de El Viajero.
 

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