Percepciones

Por Esteban Eliaszevic

Percepciones

Este viaje me llevó a Cartagena de Indias: lugar donde el sol y la historia se abrazan junto al Mar Caribe.

Bastión del promisorio nuevo mundo, hoy impacta con rastros del viejo mundo.

Por ello en sus calles se palpa fuerte la fusión de tres etnias: indígena, afincada en este territorio desde siempre; blanca, venida de España, y negra, traída esclavizada de África. Dicha simbiosis, manifiesta una población predominantemente mestiza y negra.

John Antonio es cartagenero. Bajo una arcada del Portal de los Dulces vende muñequita de leche, alegría, caballito, melcocha de panela o cubanito, entre otros dulces típicos, cuyos sabores de azúcar, leche, anís ananá, coco, guayaba, maracuyá, papaya o tamarindo, proporcionan más placer a los sentidos.

Tiene menos de 25 años y arrancamos a conversar cuando dije que era argentino.

Surgió el fútbol de inmediato y orgulloso dijo que Wilmar Barrios, el aguerrido volante central de Boca Juniors, era vecino suyo en La Candelaria, uno de los barrios humildes y marginales de Cartagena, situado casi al borde de la Ciénaga de la Virgen.

Enterado del propósito de mi visita, inquirió sobre mis sensaciones del lugar.

Le comenté algo de la arquitectura colonial y la historia. Añadió a mis dichos que su ciudad era bien chévere, que sus ancestros habitaron estas tierras por más de cuatro siglos y que el primero en pisarla, bajó encadenado del barco que lo trajo de África.

Nos saludamos y seguí mi camino para el Baluarte de Santa Clara, donde se montan variados y animados espectáculos callejeros. Iba un restaurant recomendado, enclavado en una espléndida casona colonial.

Al llegar a la dirección indicada, una cincuentona con rostro color dulce de leche, dueña de la casa, me percató que el establecimiento quedaba una cuadra más abajo.

Agradecí, no sin antes halagar la residencia, ya que había prestado especial atención a los aleros; a los ventanales forjados de madera, igual que los floridos balcones; y al frente del caserón, pintado de azul rabioso. Sonrío y me comentó que fue de las primeras edificaciones en levantarse en la ciudad vieja, que sus antecesores vivieron allí por unas cuantas centurias, y que el primero de ellos, fue un conde español recién arribado a estas tierras caribeñas.

Volví a contemplar la vivienda y decir adiós a la señora.

Me alejé pensando en los contrastes; en ella; en John; en la diversidad; en la esencia de Cartagena de Indias. Y en experimentar estos momentos: materia prima de los viajes.

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