Soy mano: Perro con rabia no deja nada

Soy mano: Perro con rabia no deja nada


POR VÍCTOR KOPRIVSEK

El recinto copado, alienado por matones. 
Cuando la imposición se sabe, siempre se nota en su violencia.
La jauría rabiosa parecía como esperando carne que desgarrar, expectante y cebada.
Casi nadie comprende la rabia. Se enciende en la soledad. Una vez en la arena, la jauría se vuelve bloque para atacar. Pero cuidado que no se desconozcan. Y los muchachos se desconocieron. 
¿Cuál fue la chispa? No dejaron ingresar a un concejal de la supuesta oposición. Resulta que su voto era por la afirmativa. Tenía que entrar. 
Hubo golpes y embestida de afuera sin comunicación con adentro, hubo resistencia y respuesta del adentro rabioso.
Los vecinos de las termoeléctricas, los poquísimos que dejaron pasar, miraban absortos cómo se atacaban entre sí sus atacantes.
Pasaron unos minutos eternos, quedaron en el medio varios periodistas, algún que otro funcionario, incluso mujeres. 
Los minutos se estiraron hasta que los muchachos se encontraron cara a cara y se dieron cuenta de que eran del mismo bando. El concejal entró.
La muerte de la política no llegará, aun en estas circunstancias, pero sí su virulencia inusitada. 
Hay una canción que sobrevuela como cortina de esta nota, una de la Bersuit que dice: “El amor explota. Un amor perro no deja nada. Muerde, muerde, la yugular”.
Así como cuando se agarraron a piñas, hace unos meses apenas, un concejal y un funcionario en una oficina bien cerquita del recinto del primer piso de la Muni, así también esto pasará. 
La memoria es corta, parece. 
Sin embargo, la sesión jamás tuvo calma. El control fue absoluto hacia los vecinos presentes que estaban en contra del nuevo código y las manos garantizadas de quienes iban a aprobarlo. Nunca se dio el debate y la discusión que ameritaba el caso ni se esgrimieron argumentos válidos; casi todo fueron chicanas y amedrentamiento a escala mayor.
La canción sigue.
“En un país de mudos se escucha un gran silencio. No se percibe que algo va a pasar. Se esconde lo sublime detrás de un nuevo engendro que derrama baba sobre la ciudad. Adrenalina desalmada abre grietas ondas. Nadie recicla esta contención. El choque no se puede evitar… muy lejos del mar, se enciende otra sal. Crecen sus ojos como un destello que no te deja dormir.”
 

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