Soy mano

Recopilaciones

Recopilaciones

Por Graciela Labale

Esto de gustar de la palabra escrita hace que una arme una especie de antología personal, con textos propios y ajenos, algunos (no los míos, por supuesto) de alto valor literario y otros sólo porque me gustan, porque sí o porque en algún punto “me pegan”. Todos, sin excepción, van a parar a los cuadernitos que sabe regalarme mi amiga pintora Clarita Dellagiovanna.
El que sigue es uno que leí en un blog y que dice haber sido escrito en el siglo XVII por una monja???  Mmm no sé, pero esto de estar cumpliendo años, ya muchos, hace que me replantee algunas de estas cuestiones. Por eso, el de hoy está dedicado a todas mis amigas/familia, sesentonas ellas, especialmente “la mesera” Susana Martinez que inaugura esa década, este sábado de carnaval. 
Salute Susy, porque conserves esa chispa que tanto te distingue y porque siempre te sigas “indignando” ante cualquier injusticia.
“Oración para no ser insoportable”
“Señor, Tu sabes mejor que yo, que estoy envejeciendo y que un día seré vieja. No permitas que me haga charlatana y sobre todo adquiera el hábito de creer que tengo que decir algo sobre cualquier tema, en toda ocasión.
Libérame de las ansias de querer arreglar la vida de los demás.
Que sea pensativa y no taciturna, solícita pero no mandona.
Con el vasto acopio de sabiduría que poseo, parece una lástima no usarla toda, pero tú sabes Señor, que quiero que me queden algunos amigos al final.
Mantén mi mente libre de la recitación de infinitos detalles, dame las alas de ir derecho al grano.
Sella mis labios para que no hable de mis achaques y dolores. Ellos van en aumento con el paso de los años. Como también mi gusto por recitarlos. Pido la gracia de poder escuchar con paciencia el relato de los males ajenos. Enséñame la gloriosa lección de que a veces es posible que esté equivocada.
Mantén en mí una razonable dulzura. No quiero ser una santa. Es difícil convivir con algunas de ellas, pero una vieja amargada es una de las obras supremas del diablo.
Ayúdame a extraer de la vida toda la diversión posible. Nos rodean tantas cosas divertidas, que no quiero perderme ninguna. Que así sea”
Así termina la plegaria, cada una puede adaptarla a su creencia, a su deidad o a su ateísmo. También podría agregarle infinidad de ítems acordes a necesidades u observaciones personales.  O simplemente, imprimirla y pegarla en la heladera para leer cada mañana!

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