SOY MANO

Aquí sigo

Aquí sigo

Por Graciela Labale

El día de mi cumpleaños arrancó, arrebatado de caricias al alma, con un poema dedicado por mi amiga Victoria que conoce bien de mis mañas. Esto de levantarse y encontrarse con la palabra necesaria sobre todo en estos tiempos de urgencias, es un placer soberano. Lo comparto a modo de agradecimiento ante tanto mimo recibido.
"Como ramita seca, algo se me parte, de a poquito, cuando tantas hacen maletas o no las hacen, pero igual se van. Yo no me marcho, cuando tantos ya no viven aquí.
Me niego al exilio, aun cuando ya sé que a cada paso amenaza la presencia del déspota; la bestialidad del tirano; las huellas del desamparo.
Ante los rostros en las fotos del diario de los fantasmas de 45, 46, 80 mil. Cada día, mujeres, hombres, niños, que aquí no se llaman asesinadas, dice el presidente que son daños colaterales.
Me quedo, a mirar las ruinas de lo que eran sueños tan sencillos, de sosiego, como el desayunar cada día con un trozo de pan fresco, tal  vez con mermelada de durazno. Ilusiones tan simples como ir a la escuela sin miedo de ser desaparecida, como otras, al regreso. Buscar en el periódico los anuncios de empleos; de maestra de teatro, para vender hamburguesas, naranjas o cualquier otra cosa.
Ambiciones tan desbordadas como contar con dos monedas para invitarte un helado comprado en la tienda de la esquina. O, dormir tranquila la siesta con tus piernas tibias entre las mías.
Me sostengo aquí. Aún en contra del terremoto, de los brazos cansados, del monedero vacío. En contra de las traiciones. De los acomodaticios, que nunca faltan.
Mirando a los ojos de los milicos, que ocupan las calles y dan miedo. Rostros grabados en la infancia de mi niña, que no juega en los parques. Reclamado a los represores,
por todos los que han sido golpeados por todas  las que nos faltan, conteniendo a los machos que se sueñan héroes de guerra. Todos juntos, esos que no se enteran de lo tarde que es ya en este siglo. Pues así, así y todo: No renuncio. No me marcho. No me marcho. Porque la esperanza para mi tierra es para construirla mía. Más alimento que los alimentos. Más hermosa que el paraíso, de nubes blancas, a la obediencia que ofrecen los vendedores de cruces para cuando yo muera.
Porque ni los plantadores de miedo, ni todo su horror,
pueden combatir la certeza que da el llamado de la Pachamama. Yo sé que el único lugar al que puedo ir es hacia este grito en el viento”.
De Patricia Karina Vergara Sánchez (Poeta feminista mexicana). l

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