OCTUBREANDO

La muerte deseada

por Horacio Pettinicchi lithorachi@gmail.com

La muerte deseada
"Muerte, / necesito mi pequeña adicción a ti, / necesito esa vocecita que, / hasta cuando asciendo desde el mar, / toda una mujer, completa, / dice mátame, mátame”.
Llegó temprano a su casa, fue a la cocina, se sirvió una generosa medida de vodka y tomó, ya no le hacía efecto alguno, para ella era como el agua, se quitó los anillos, los guardó en la cartera, buscó un viejo abrigo de piel forrado en satín que era de su madre, se envolvió en él, y con un nuevo vaso de vodka y un cigarrillo en los labios se dirigió al garaje, verificó que todas las puertas estuvieran bien cerradas, se sentó en el asiento del conductor de su Cougar rojo modelo 67. Encendió el motor. Prendió la radio. Siguió tomando su vodka. Y mientras aspiraba con tranquilidad el inodoro veneno del monóxido de carbono, Anne Sexton deseó que sonase alguna canción de The Beatles o The Doors, sus grupos favoritos, para que se la llevaran, por fin, de este mundo.
"Ya que lo preguntan, la mayor parte de los días no me acuerdo./Camino vestida, sin marcas de ese viaje./Después, casi innombrable, vuelve la lujuria./Incluso en ese instante, no tengo nada en contra de la vida./Conozco bien las hojas que mencionan,
los muebles que sacaron al sol./Pero los suicidas tienen un idioma propio./Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas./Nunca preguntan por qué construir.
/Dos veces me pronuncié tan claramente,/poseí al enemigo, me comí al enemigo /le arrebaté su oficio, su magia./Así, grave y pensativa,/más tibia que el agua o el aceite, descansé, babeando por el agujero de la boca./No pensaba en mi cuerpo ante la punta de la aguja./Ni siquiera había córnea o restos de orina./Los suicidas ya traicionaron al cuerpo./ Nacieron muertos, aunque no siempre se mueran,/y, deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce/que hasta un chico podría mirarla y sonreír./¡Meterse toda esa vida debajo de la lengua!—/eso, en sí mismo, se vuelve una pasión./Dirán que la muerte es un hueso triste y golpeado,/con todo, año tras año me espera,/para deshacer con delicadeza una vieja herida,/para soltar mi aliento de su prisión insana.
Anne Sexton fue una de las grandes poetas confesionales de EEUU. De escritura siempre al límite, se desnudaba en cada palabra, revolucionando la escritura norteamericana por su forma descarnada de tratar cosas tan aparentemente poco líricas como la menstruación, el adulterio, el incesto o la masturbación.

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