Soy Mano

La palabra necesaria

por Graciela Labale

Qué difícil es abstraerse a la bronca cuando una se pone a escribir. Hay momentos en los que cuesta encontrar la palabra justa porque el peso del dolor lo aplasta todo. Duele la Argentina, a sabiendas que casi nunca llegamos a saber la verdad sobre tanto que nos lastima. Duelen los 44 compatriotas a los que se tragó el mar. Duele el asesinato por la espalda de Rafael Nahuel, un joven que estaba reconstruyendo su identidad como mapuche, por parte de las fuerzas de seguridad del Estado. Duele lo sucedido con Santiago Maldonado, los interrogantes sin responder. Duele sentir que siempre el hilo se corta por lo más delgado, como es el caso de nosotros los jubilados y jubiladas a quienes otra vez, impunemente, pretenden saquearnos el bolsillo, recortarnos la vida, rebajarnos la dignidad. Duele la represión en Neuquén a los trabajadores de la salud. Duelen las crecientes necesidades y la desprotección en las barriadas más humildes. Duelen los humillados. Y duele, aunque ante estos tremendos dolores parezca una pavada, que cada verano, a los vecinos de Pilar, nos falte algo tan indispensable como el agua, en un país donde el agua sobra. Vivimos como en la época colonial, eso sí seguro que el aguatero cumplía mejor con su servicio que los empresarios de hoy.
Menos mal que frente a tanto dolor y desesperanza está la poesía. Esta vez comparto la del trovador Rafael Amor, quien el último sábado en La Tucumanita Pilar nos abrazara con la palabra necesaria.
La razón humana. “Cuando el pan no alcanza y a todo el que lucha clamando por él no se lo escucha… Cuando la justicia da vuelta la cara el humilde sabe que nada lo ampara… Cuando las razones son tan desoídas y el sometimiento es un modo de vida…
Cuando el usurero trafica con sangre y a un cristo de olvido hay procesiones de hambre… Cuando poco vale paz y mansedumbre y un hondo silencio se hace muchedumbre…
Cuando la mentira conduce al rebaño y nos deja guachos con los desengaños…
Cuando nos desgarra con furor y saña el tigre cebado en nuestras entrañas… Siempre agazapado detrás de la muerte 
y con su ojo helado mide nuestra suerte… Cuando con los puños rotos de impotencia uno se ha cansado de tener paciencia y sale a la calle un grito en la boca llevando en los dientes cuchillos de bronca…
Con la sangre humillada la carne vendida que rebelada agita su clamor de vida. Cuando no haya cadena para sujetarla 
será el estallido de la razón humana…”.
 

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