OCTUBREANDO

Laburante de la palabra

Por Horacio Pettinicchi

Laburante de la palabra

“Yo sé que lo que pretendo es poco y mucho (…)/ pretendo refundar una casa simple/ poco muy poco/ sencillamente que huela a cebollas fritándose en oliva (…) a perfume floral de mujer recién bañada/ a ternura a trabajo sencillo/ a madera y pan recién horneado/ si eso quiero poco y mucho/ quiero refundar un hogar chimenea con fuego y ventanas de cristales grandes/ para ver el sol y la lluvia / para ver el reflejo de tu figura mientras te beso (…) una biblioteca grande llena de sueños (…) quiero una casa sencilla y militante (…) quiero una mujer que tenga tu nombre que esté feliz dentro de la casa/ con las puertas bien abiertas porque una casa sin mujer no tiene cimientos y un amor sin puertas abiertas no tiene destino/ quiero un hogar, una familia y eso chiquito/ que es mi deseo solo se puede fundar en el interior inmenso de una mujer como vos  [por qué no: Vos] que sepa verlo”. (Lo que pretendo).
Leopoldo Juan González, fue integrante del último grupo de “El Barrilete”, la mítica revista de literatura que fundara Jorge Roberto Santoro y, que al igual que este, militó en las filas del PRT. Participó en el Frente de Trabajadores de la Cultura (FATRAC) y en la agrupación Jorge Ricardo Masetti en el seno de la SADE.
“Me desperté como siempre como siempre ducha, mate “cajeteo”/ extrañar el puto cigarrillo/ zapatilla vaquero y a la plaza abrazos encuentros compañías/ extrañar el puto cigarrillo nuevamente encontrarte alegrarme (…) sentirme importante portando el asta de la bandera/ que me identifica y me decreta treinta años que viejos están algunos/ por qué me dolerán tanto las piernas, por qué me agito tanto, por qué me gusta tanto decirle compañero a los compañeros/ como extraño hoy el puto cigarrillo (…) como me calienta compañera que haya venido hasta la plaza siento que es solo para verme, creerlo así me reconforta/ como me duelen las piernas y un poco el pecho/ te acordás de cuando en el monte con el equipo y las marchas no sentía nada/ también extraño el mate,
será la hora treinta años (…) solo que extraño el puto cigarrillo el mate y el monte o lo que el monte significaba  en todos los sentidos/ me siguen asombrando tus ojos/ me gusta encontrarlos en semejante multitud sabiendo que solo vinieron a verme/ treinta años compañera, disculpe que no le dé toda la atención  que se merece pero no todos los días me duelen treinta año entre un larguísimo listado de cosas que se podrían agregar (…) a otra cosa que no la distraigan con esas discusiones de que el documento sí o el documento no/ de que si las madres y las abuelas o de que si hubo piñas o disputas/ lo importante compañera es que estábamos todos/ estaban ustedes en las banderas los treinta mil juntitos/ estaban los exiliados los internos y los externos/ tampoco caiga en la trampa de discutir sobre esto/ estaban los caídos en combates y los asesinados reconocidos como muertos en combate/ estábamos los sobrevivientes con nuestras banderas/ estaba 
el pueblo/ y estaba usted y yo y mis ganas terribles de fumar/ de instalarle en los ojos la necesidad de la ternura
. (“Treinta años”).

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