El Salvador, un pequeño gigante

Volcanes, lagos, playas, patrimonios arqueológicos y vestigios coloniales son los principales atractivos y esencia de este multifacético país. Un imperdible del continente.

EL-VIAJERO | 


Por Esteban Eliaszevich

El Salvador limita con Honduras, Guatemala, y el Océano Pacífico, y es el país con mayor densidad poblacional de toda América.

La travesía por la zona central y occidental del país descubre la metrópoli de San Salvador; Suchitoto, la maravilla colonial; sitios arqueológicos como Joya de Cerén, San Andrés y Tazumal; los pueblos de la Ruta de Las Flores; el complejo de los Volcanes; el lago Coatepeque, y playas paradisíacas.

Cuenta con muy buena oferta hotelera y gastronómica.

Sus diferentes circuitos turísticos lo hacen encantador de punta a punta.

De bendito interior

El Salvador confirma que lo importante no es el tamaño sino el contenido, ya que sus dimensiones acotadas, cubiertas de símbolos elocuentes y diversos, cautivan al visitante.

Se percibe en cuanto se arriba y recorre la capital San Salvador. Erigida bajo la tutela del volcán Quezaltepeque y asentada en el Valle de las Hamacas, nombre otorgado por sus movimientos telúricos, agrada con edificaciones bajas, una colorida Catedral Metropolitana, el Teatro y el Palacio Nacional, algunos monumentos y museos, y sobre todo, con un par de buenos miradores. Uno está en el Volcán Quezaltepeque, hacia el Oeste, que deja ver la ciudad estirada en el valle, las aguas planchadas del Lago Ipolongo y el volcán San Vicente con su cono perfecto. El otro mirador es Planes de Renderos, hacia el Sur, que cuenta con un pulmón verde, el Parque Balboa y La Puerta del Diablo, peñón desde donde asoma gran parte de la curiosa topografía del país y el Océano Pacífico como eterno compañero. Ambos llaman a la contemplación, con el bien que aporta, exhibiendo a relieve puntos de interés de San Salvador y la nación.

Concluida la visita a Renderos, se puede rumbear unos 40kms hacia el Norte para llegar a Suchitoto. La capital cultural del país, ideal para pernoctar, destaca por su arquitectura colonial repleta de llamativos portales, balcones y tejados rojos, calles empedradas que suben y bajan, galerías de arte, abundante vegetación y el Lago Suchitlán rendido a sus pies.

En el casco destellan el Parque Central y su fuente, la Iglesia Santa Lucía Mártir, bares donde se reúne la bohemia local, La Casa Museo de Don Alejandro Cotto, afamado cineasta local que conserva obras de arte pictórico y religioso del pueblo y el país, y la Plaza San Martín, cargada de pertrechos militares, recordatorio del paso de la guerra por esta localidad.

Barranca abajo y enmarcado por montañas onduladas yace el Lago Suchitlán, colmado de aves residentes y migratorias, y puerto San Juan, desde donde parten excursiones lacustres y se puede degustar comida regional en los restaurantes, o bien, solo mirar y maravillarse con el entorno. Suchitoto agrada con su ambiente y resulta buen punto para trasladarse hacia los sitios arqueológicos Joya de Cerén, San Andrés y Tazumal; testimonios de legado milenario.

Poco más de una hora separa a Suchitoto de Joya de Cerén, Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, que exhibe una Aldea Maya sepultada por cenizas de erupción volcánica, dejando intactas casas, utensilios y cultivos. Sigue San Andrés, centro ceremonial y administrativo que cuenta con organizaciones piramidales desenterradas y museo de sitio, para culminar al cabo de medio día en Tazumal; este contiene complejas construcciones, estructuras escalonadas y tesoros como la Virgen de Tazumal. Todos instruyen, conmueven con el pasado precolombino, y denotan parte de la cautivante sustancia que atesora El Salvador.

 

Despliega fuerzas indómitas

Culminado el periplo arqueológico, y al cabo de unos días, llega el momento de contactar la naturaleza salvadoreña, su ser, en un buen lugar para prolongar la estadía: el Lago Coatepeque y la Ruta de los Volcanes, emisarios de gran caudal de energía.

Precede en el camino la Ruta de las Flores, un agradable recorrido que comprende lugares llenos de tradición, historia, bellos panoramas montañosos, y excelente gastronomía. El primer pueblo en el trayecto desde Tazumal es Concepción de Ataco, deslumbrante por su iglesia colonial, telares artesanales y creativos murales; sigue Apaneca, pueblo cafetalero y de majestuosos paisajes, para culminar esta etapa en Juayúa, donde vale hacer un alto. Lo ameritan su iglesia donde veneran el Cristo negro, el festival gastronómico que se da cada fin de semana, perfecto para degustar comida regional, y por los Chorros de la Calera, tres cascadas que caen desde unos 20 metros formando piletas naturales y en las que suele verse clavadistas buscando las aguas desde alturas considerables. La Ruta de las Flores brilla por la calidez de lo autóctono.

De allí la travesía lleva hacia el lago Coatepeque, espejo de aguas turquesas situado en una gran depresión, acordonado de cerros esmeralda y decorado por dos pequeñas penínsulas, Los Anteojos y la isla del Teopán, donde los mayas tenían un templo y un monolito representativo de la diosa Itzcueye, atesorando sugestiva hermosura.

El contexto se aprovecha el tiempo que plazca en alguno de los restaurantes, bares y hoteles que se asientan en sus orillas y mediante la práctica de natación, buceo, kayak o ski acuático.

Vecino al Lago se encuentra el Parque Nacional de los Volcanes, complejo que comprende al Volcán Izalco, Santa Ana y Cerro Verde y conjunto que además de dibujar una corona en la tierra de casi 2000msnm, intensifica sensaciones.

El parque tiene tres accesos habilitados, Sector Cerro Verde, San Blás y Los Andes, y cuenta con varios miradores, entre los que destaca el “Del Pacífico”, desde donde se admira la majestuosidad intimidante de los volcanes Izalco y Santa Ana, el lago Coatepeque en su totalidad, pueblos apostados en los valles y un océano inconmensurable.

A esto se agrega que el Volcán Izalco, considerado activo en reposo y uno de los más jóvenes del mundo, atrae la atención por las fumarolas que desprende del cráter principal y por ser escalable en casi tres horas, mediante expediciones a la cima que parten del parque Cerro Verde. Experiencia inolvidable.

El lago y los volcanes con lo que proveen, aseguran placidez y felicidad.

Conjugando lo que la creación dispone alrededor y las manifestaciones culturales e históricas, las virtudes de esta parte del país se potencian a cada paso.

 

Para gozar La Libertad

Toda la oferta salvadoreña se consolida en el revitalizador litoral costero, que se extiende unos 300kms desde la desembocadura del río Paz, al Suroeste, hasta la del río Goascorán, al Sureste, donde ponderan cálidas aguas, magníficas olas y la blanca espuma del Océano Pacifico.

Yendo del Lago Coatepeque hacia el Sur se llega a playas de arenas doradas donde reposa el arrecife coralino más grande de la costa Pacífica centroamericana, con lugares ideales para el buceo; Los Cóbanos, y su vecina Salinitas.

La primera de ellas, formada de arrecifes y protegida por restos de acantilados que funcionan como rompeolas, genera una especie de piscina natural que resulta excelente para indagar la gran cantidad de vida marina que la habita. 

Salinitas tiene palmeras por doquier y es especial para bucear el arrecife y barcos de vapor. En el lugar la cadena hotelera Royal Decamerón tiene un moderno establecimiento operando con el concepto de Todo incluido, y aplica tarifas promocionales que favorecen la estadía a cuerpo de rey.

Se pueden complacer unos días en la zona, con el relax que implica, y cerrar el viaje en las playas de La Libertad, 35 kms al sur de la capital.

Se encuentran remontando la Carretera del Litoral, hacia el Este, repartiendo vistas magníficas de playas, mar azul infinito y abruptos acantilados.

Las riberas de la región tienen una larga hilera de playas de arena gris, aguas idílicas para los amantes del surf, puerto de pescadores, imperdible degustar allí productos frescos como el ceviche, y también gran variedad de hoteles, lodges para surfers, y variados restaurantes.

Las playas sobresalientes son Punta Roca, considerada entre las 10 mejores del mundo para surfear, El Tunco y El Sunzal, mimadas por escenografía selvática, también de excelente oleaje y con lecho marino rocoso hábitat de ostras, langostas y corales, y el Zonte, otro spot de surf, guarecida en una bahía cercada de cerros escarlata.

Todas convocan visitantes nacionales y extranjeros que se fascinan por las impetuosas olas salvadoreñas, atardeceres impagables donde el cielo se consume en rosas y violetas eléctricos, excelente gastronomía marina, y sobre todo, gozando La Libertad.

Estas propuestas playeras denotan el poderío de la naturaleza en este país y el placer y goce que trasmite captarlo.

Revelado parte de lo que aporta este pequeño gigante, y todo lo que permite vivir, queda evidenciado que encontrar El Salvador reconforta el espíritu.

 

Hoja de ruta

Como Llegar:

Aéreo: Avianca (www.avianca.com)

Donde alojarse:

San Salvador: Hotel Beverly Hills H&S (www.hbh.com.sv)

Suchitoto: La Posada de Suchitlán (www.laposada.com.sv)

Playa El Tunco: Hotel Tekuani Kal (www.tekuanikal.com)

Salinitas: Hotel Royal Decamerón (www.decameron.com)

Donde Comer:

Festival gastronómico de Juayua

Puerto La Libertad

Restauran El Atlempan (Puerto San Juan, Suchitoto)

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