Revivir la rosa

por Horacio Pettinicchi lithorachi@gmail.com

CULTURA | 


“Es que nos iremos/ caminando despacio/ por las calles y las plazas/ como tristes baluartes de la risa/ Como turbias hilachas de una época/ Como mansos enfermos por la muerte?/ O es que iremos totalmente pidiendo/ por favor a las baldosas/ una señal, un algo de que agarrar la carne y revivir la rosa?/ (Más adelante nada, solo calles sonámbulas y herrumbradas de olvido)/ Perdón señores grises, perdón por ser tan pobres/ por vislumbrar el campo/ y ahogarnos los puños entre sollozos escritos”. (“Posludió”).
Lo desaparecieron a él y a gran parte de su obra, un 13 de enero de 1976, lo desaparecieron en el marco del Operativo Independencia, a él que luchaba por la independencia de su pueblo. Jorge de la Cruz Agüero apenas tenía 17 años cuando lo desaparecieron dejando una revolución por hacer y una luna por parir en el vientre de su compañera Silvia Sandoval.
“Tal vez si los últimos seres que quedaron sobre esto barajaran sencillamente, humildemente, los ojos hacia adelante, la libertad sería en serio un pedazo de eternidad”. (“Extremaunción”).
Dejó a su hija un rimero de poesías, su sonrisa, el gusto por el helado de limón, un diploma que decía que había ganado el primer premio en el certamen literario organizado por la Universidad Tecnológica de Tucumán, (donde estudiaba) y una roja estrella para que la guie.  
 “El vago humo se diluye/ entre mis dedos/ como tenue vida/ que lleva el tiempo/ a través de los libros/ y de los rostros secos;/ como lágrimas impacientes/ y celestes/ que llegan cual rayos violentos/ hasta la nada./ Se escapan las pisadas/ de mi vida joven:/ el almanaque/ marca inexorablemente/ la sutil y horrible/ forma de mi muerte./ Pero/ cruzando el espacio infinito/ de mi mente,/ traspongo los ecos/ que hoy me atan/ y subo la mirada/ a través de tu piel/ y me descubro,/ y sufro por quienes/ solo cenizas vagas son:/ muertas vidas/ que solo siguen rastros/ también muertos!”. (“Rieles”).

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