Percepciones

Por Esteban Eliaszevich

EL-VIAJERO | 


Las referencias concretas que tenía sobre el destino de esta edición me remitían a los ochentas.

La primera databa sobre Monseñor Oscar Romero, arzobispo metropolitano de San Salvador entre 1977 y 1980, quién se volvió célebre por su predicación en defensa de los derechos humanos y por morir asesinado en el ejercicio de su ministerio pastoral. Lo acribillaron un 24 de marzo del 80, solo por mencionarlo.

La segunda era que les habíamos ganado 2 a 0 en el mundial de Fútbol de España 1982 y que se habían comido 10 contra Hungría en su debut en aquel torneo.

La tercera que recordaba era sobre la película Salvador, de Oliver Stone, que hablaba de la guerra civil desatada entre 1980 y 1992 y trataba de un periodista norteamericano llamado Richard Boyle (protagonizado por James Wood) que cubría la misma y que casi sin querer se involucraba a pleno en el asunto.

La cuarta y última involucra a Jorge “Mágico” González; el mejor futbolista salvadoreño de la historia, que fue leyenda en el Cádiz de España por como jugaba y tener más noches que la luna.

In situ descubrí que Monseñor Romero es evocado con monumentos y murales en cada ciudad y pueblo; me quedo claro que al “Mágico” lo veneran todos; pasé por la Escuela de las Américas, siniestro lugar donde los militares estadoudinenses adoctrinaban a sus camaradas locales y noté que muy pocos de los paisajes del film de Stone eran salvadoreños.

Y algo más, como meta de todo buen viaje, incorporé nuevos conocimientos como ser los valederos motivos por los que El Salvador también es conocido por su nombre de la época precolombina, Cuscatlán, que significa "Lugar de cosas preciosas", en lengua Nahuat y “país de los 40 minutos”.

Lo primero lo certifiqué al recorrer distintos puntos de su territorio y conmoverme con lo que cada uno de ellos ofrece: la acotada y curiosa geografía aporta temperamentales volcanes, infinidad de mar azul, plácidos lagos y contenedoras montañas que se fusionan trasmitiendo placidez y bienestar. Grandes legados de la naturaleza.

Cuarenta minutos refiere al lapso de tiempo en que pueden unirse los diversos atractivos, facilitado por la muy buena red vial. Así pueden visitarse vestigios arqueológicos una mañana, un lago a la tarde y cenar en una ciudad colonial, o bien amanecer junto a un volcán y disfrutar de magníficos atardeceres en torno al mar.

En consecuencia, no es casual que El Salvador haya sido elegido por diversas revistas y suplementos de turismo internacionales como lugar a descubrir en 2018. Y bien ganado se lo tiene.

Gran destino que no recuerdo haya sido publicado por otro medio nacional y muy poco frecuentado por turistas y viajeros argentinos. Y a esos lugares llega El Viajero, para compartirlos con ustedes y hacer únicos cada uno de nuestros encuentros.

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