La nueva política de cultura



CULTURA | 



Por Víctor Hugo Koprivsek 

Elegir un lugar para vivir, para formar tu familia, invertir en un comercio, profesión u oficio, ver crecer a tus hijos, nietos, sobrinos.
Un lugar que en medio del vasto mundo sea tuyo, por amor, por amistades, por recorrido. Sentir esquinas, calles, ver el desarrollo, ser parte de todo lo que ahí pasa, sentirte parte por decisión personal, familiar. Por historia.
Digo, no es una decisión menor elegir dónde levantar tu casa y edificar un hogar.
Yo soy de Derqui y como diría Raúl Cativa: -Yo soy Derqui.
Entonces cuando uno ve, y ya es un hecho comprobado, que gente que no es de acá, que no vive acá, que no te vas a cruzar tal vez nunca más cuando se vayan, toma decisiones que desfavorecen tanto al vecino que sí lleva todo un recorrido de trabajo y familia en Pilar, Derqui, Del Viso, etc. y ciertamente, vamos a seguir viendo y cruzando, como por ejemplo Alfredo Quatrín.
Y también nos seguiremos viendo con sus hijos y nietos, y juntos, en comunidad, con errores y aciertos, rendiremos cuentas de lo que pasó, de cómo pasó, de qué hicimos y cuál fue nuestra postura al respecto. Ahí vamos a entender que no solamente habrá responsabilidades para los funcionarios foráneos, que se irán sin pena ni gloria, que volverán a sus lugares de vida, que nunca más los cruzaremos para mirarlos a los ojos y decirles ¿cómo vas a ningunear así a un tipo que dejó la vida, horas de familia y sueños, anhelos profundos? ¿Cómo tan siquiera tenés la poca delicadeza del respeto por una trayectoria? ¿Tan poco valemos?
Y esa responsabilidad también debe recaer sobre los nuestros, los que viven acá y permiten, apadrinándolos políticamente y que, sin duda por ser locales, jamás pero jamás deben consentir semejante situación.
¿Por qué está Julio Zapata al frente de la Dirección de Cultura del Municipio? ¿Quién lo trajo?
¿Por qué un hombre como Alfredo Quatrín debe pasar por algún tipo de humillación o ninguneo o desprecio laboral? Cuando está recontra comprobado que le dedicó la vida al coro municipal, con momentos altos y momentos bajos, errores y aciertos, pero no lo hizo mal, al contrario. Un tipo así no se puede ir por la puerta chica, renunciando, triste. Abrazo grande Alfredo, a usted y a su familia. El que no vive acá no entiende por qué plantamos y plantamos semillas para que la cultura florezca y no nos cansamos nunca de plantar, como hizo usted. No se me caiga, maestro. Fuerza. Que somos más los que valoramos su obra.

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