Nico y Lauty

por Víctor Hugo Koprivsek

CULTURA | 


Dos hermanos cruzan el tiempo. Caminan abrazados y trepan cimas. La distancia es sideral de tan corta. Bien cerca el uno del otro desde siempre. Abrazados en las cosas del dolor y de la vida. Son hermanos sin peros. Se reconocen en los ojos, en el perfil, en el instinto de supervivencia que los va madurando rápido, en las chuzas del pelo negro. 
Uno ríe, el otro escucha. Uno escapa, el otro no. Uno es el mayor, el otro el menor. Deben cuidarse pues han muerto casi todos. El mundo es un lugar pequeño, apenas cabe en una tarde. Porque de golpe, de un día para el otro, se quedaron sin madre.
No son grandes pero si mirás el fondo de sus ojos verás que sí. Tiene 8 y 9 años.
Tampoco hay padre. Tampoco hay mucho tiempo para pensar. Sí hay tíos, tías, primas. 
¿Habrá sociedad? ¿Habrá comunidad para ellos? 
En medio del recalcitrante “salvate solo” ¿habrá prójimos para ellos?
Porque el tío está sin trabajo y tiene tres hijos más que alimentar. Estoy seguro que del otro lado de la lectura alguien pensará: para qué traen hijos al mundo sino les pueden dar de comer.
Ahora esas voces son las que suenan alto, son las que se animan a gritar su odio, incluso hasta, escondidas detrás de un seudónimo falso y sin dar la cara, dejan comentarios en las redes sociales, en este artículo. Hasta, se sabe, que hay quienes cobran por eso. Los famosos trolls.
Pero dos hermanitos miran y se abrazan. Viven en el barrio Sansouci, sobre la calle España. Van al merendero Chicos Felices. Nacieron en este mundo. Hay tantos que caen sin chistar con sus ojitos apagados, sus bocas de silencios.
La solidaridad nos salva. El corazón que da vida y la sensibilidad que abre puertas, salva. La ternura y la dignidad que sean capaz de resistir. 
Porque Lauti y Nico existen. ¿Cuántos Lautis y Nicos habrán sin que sepamos? 
Pero estos son nuestros, están acá. Uno mira y escucha, es el mayor y tiene que cuidar a su hermanito de ahora en más. Pero tiene 9 añitos apenas. 
¿Qué será de ellos? Que nadie los deje solos. Que Dios los mire siempre.

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