Necesidad de volar

de Horacio Pettinicchi lithorachi@gmail.com

CULTURA | 


“Tú no viniste sola, te trajo de la mano el duende del otoño al otoño de mi vida, no viniste sola no, viniste con tus alas plegadas, lastimadas, y tenías una inmensa necesidad de volar, tomé mis palabras, envolví tus alas en ellas, las arrope en su calor, las bañé en pedacitos de lluvia de luna que jugaban en los adoquines de la calle, y mansamente las cubrí con la saliva azul de los pájaros para curarlas.
Tu no viniste sola no, venías con las ganas de ser un globo, un barquito de papel, un barrilete, traías en tus manos dos flores secas y un hilito de esperanza que habías salvado de la Larga Noche.
Yo venía de olvido en olvido, con la esperanza fugada, sin rumbo, como barrilete de tiros cortados, cargando una maleta llena de abrazos no dados, cansado de mirar al suelo buscando una caricia aunque sea usada, venía de un país de niños con miradas de ancianos, un país de besos rotos, de corazones torcidos, un pueblo envejecido en silencios donde me crecieron los años.
Nos fuimos, nos escapamos, nos dejamos ir en una marea de pájaros, nos fuimos para vivir el oficio de humanos, nos fuimos a aprender el idioma secreto de la vida, donde cada palabra huele a humano, a escuchar la música de la hierba cuando crece, el canto de las cigarras, a enceguecernos con el estallido de luciérnagas, a quemarme en la fogata de tu vientre y saber que aún estábamos vivos. A vivir sin banderas ni fronteras, sin consignas ni dogmas, simplemente vivir compañera. (“Necesidad de volar”, de la antología “Mariposas de Octubre”). 

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