Los menores de 10 años deberán viajar en sillas especiales

Se modificó la ley nacional. Antes, sólo era obligatorio que viajen en asientos traseros. En el país no hay organismos que controlen la calidad de dichos sistemas.

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En los últimos días, una serie modificaciones a la Ley Nacional de Tránsito Nº 24.449 incluyó la actualización de un artículo que trae polémica: la obligatoriedad en todo el país del uso de una silla de seguridad para menores de 10 años.
La medida fue publicada por el Boletín Oficial en el marco de un decreto que reglamenta, reemplaza y actualiza varios artículos de la ley antes mencionada. Sin embargo, los especialistas critican la medida, al tiempo que informes indican que no todas las estructuras sin igual de confiables.
Hasta ahora, los menores de 10 años debían viajar en el asiento trasero de los vehículos, con el cinturón de seguridad colocado. A partir de este cambio, eso ya no alcanzará: deberán ir a bordo de los llamados Sistemas de Retención Infantil (SRI).
“Era algo importante que faltaba”, opinó a El Diario Fabián Pons, presidente del Observatorio Vial Latinoamericano (Ovilam), “a pesar de que algunas jurisdicciones del país, como CABA, ya lo aplicaban”.
En este sentido, en Capital la normativa es más dura: hasta niños de 12 años o de menos de 1,50m de altura. “El decreto nacional no incluye altura –recordó-, pero es un paso adelante, algo muy positivo”.
Las sillitas, butacas, boosters o huevitos difieren en tamaño, instalación y modo en el que sujetan al niño, de acuerdo con el peso y la edad. En nuestro país, dependiendo de modelos y marcas, una silla de seguridad cuesta en promedio entre $4.000 y $5.000, aunque hay algunas cuyo valor incluso trepa hasta los $15.000. Los boosters -asiento sin respaldo-, por su parte, tienen un precio mucho menor, costando entre $400 y $1.000.

Sin control
El decreto indica que los SRI deben ser homologados, pero paradójicamente en el país no existen observatorios u organismos de control que realicen esta tarea. Por eso, hay que basarse en métodos extranjeros: la homologación puede corresponder a la norma europea (SR44), estadounidense (FMVSS213), o incluso brasileña (Instituto Nacional de Metrología, Calidad y Tecnología), por ejemplo.
Sobre esto, Pons advirtió que “al no haber métodos de control de calidad en Argentina, una silla puede venir con una calcomanía que diga que está homologada, pero puede ser cierto o no…”.
El especialista recomienda que lo ideal “es contar con el sistema que sea necesario a medida que el chico crece. Si nos quieren vender una silla que dura desde que es bebé hasta que tenga 12 años, entonces no es confiable”.
Y agregó que también “hay que tener en cuenta qué auto se tiene, porque quizás la silla que se quiere comprar no sea la adecuada”.

Riesgos
Según un informe del Programa de Evaluación de Sistemas de Retención Infantil (Pesri) en Latinoamérica, la mayoría de las sillas para llevar a los chicos en el auto ponen en riesgo su seguridad.
Los diferentes dispositivos fueron evaluados en ensayos de colisión frontal, lateral y por su modo de uso, teniendo en cuenta parámetros de algunos países de Latinoamérica, concluyendo que la mayoría pone en riesgo a los niños.
A la hora de comprar la sillita para el auto, el Pesri recomendó verificar que sea un SRI homologado y adecuado al peso y edad; asegurar la correcta instalación, usar asientos orientados hacia atrás para niños de hasta 3 años y de tipo booster para chicos de más de 22 kilos de peso y 125 centímetros de altura. 
Por su parte, Pons recordó que los sistemas de seguridad “tienen como objetivo darle más altura al niño: el cinturón de seguridad no debe pasar a la altura de la garganta –en un choque podría provocarle incluso la muerte-, sino por la mitad de la clavícula. Tiene que estar apoyado sobre hueso, no sobre partes blandas”.
En este contexto, se impone además un dato preocupante: la Federación Internacional del Automóvil (FIA) informó que, en la región, el 90% de las sillas están mal instaladas. 

 


mil pesos es el valor promedio de una silla. Puede trepar hasta los 15 mil.

“Lo ideal es contar con el sistema que sea necesario a medida que el chico crece”. FABIÁN PONS, OVILAM.

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