El delito de pensar

de Horacio Pettinicchi

CULTURA | 


“Llamado de adentro, grito de charco/un montón de dolores ancestrales/que te estallan más allá de la garganta./ Llamado de solo, grito de espanto/un montón de antiguos rencores/que te provocan más acá de la injusticia./ Llamado de buscar, grito de querer/un montón de manos que dibujan direcciones/que te llevan más adentro de los todos/Llamado de señal, grito de poder/un montón de pechos que se juntan/que te aprietan más o menos al centro del clamor/Llamado de lucha, grito de guerra/un montón de fusiles que se encrespan/que te llevan de golpe a la revuelta”.
Escueto, el comunicado decía que en un enfrentamiento habían sido abatidos 16 delincuente subversivos, uno de ellos era Luis Alberto Fabbri, quien días atrás había sido secuestrado en La Lucila y llevado a El Vesubio. Tenía 29 años y esperaba un hijo. Luis, como tantos otros cometió el delito de pensar y expresarse. Fue dirigente sindical en Córdoba y director del periódico Respuesta. Publicó un ensayo sobre Enrique Malatesta y escribía poesías, Luis, creía en la organización y el poder obrero y, como vos o como yo, en un mundo más justo.

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