Como cosa olvidada



CULTURA | 


Por Horacio Pettinicchi lithorachi@gmail.com


“Ella se siente a veces/ como cosa olvidada/ en el rincón oscuro de la casa/ como fruto devorado adentro/ por los pájaros rapaces/ como sombra sin rostro y sin peso/ Su presencia es apenas vibración leve/ en el aire inmóvil/ Siente que la traspasan las miradas/ y que se vuelve niebla entre los torpes brazos/ que intentan circundarla/ Quisiera ser siquiera una naranja jugosa/ en la mano de un niño-no corteza vacía-una imagen que brilla en el espejo/ -no sombra que se esfuma-y una voz clara/ -no pesado silencio-alguna vez escuchada”. (“Ella se siente a veces”).
Alaíde Foppa nació en Barcelona, su  destino fue tan trágico como brillante. Vivió unos años en la Argentina y pasó su adolescencia en Italia.
Luego de  un tiempo en Guatemala, obtuvo la ciudadanía de ese país por la nacionalidad de su esposo. Exiliada en Méjico por razones políticas, trabajó como profesora en la Facultad de Filosofía y Letras, a cargo de la cátedra de Literatura Italiana. Ferviente feminista, fundó la revista FEM y colaboró por distintos medios contra la represión de la mujer.
En la década del 70, vuelca su dolor por la muerte de su marido y su hijo en poemas sumamente trágicos. De vuelta a Guatemala después de su  largo exilio es secuestrada y desaparecida como tantos otros escritores y militantes sociales en nuestra América. Su labor como poetisa lo comenzó quizás en Italia, donde también realizó sus estudios universitarios. Entre sus poemarios más destacados se encuentran “La sin Ventura”, “Aunque es de noche” y “Elogio de mi cuerpo”. 
“Mi vida es un destierro sin retorno/ No tuvo casa mi errante infancia perdida/ no tiene tierra mi destierro/ Mi vida navegó en nave de nostalgia/ Viví a orillas del mar mirando el horizonte: hacia mi casa ignorada pensaba zarpar un día/ y el presentido viaje me dejó en otro puerto de partida/ ¿Es el amor, acaso, mi última rada?/ Oh brazos que me hicieron prisionera/ sin darme abrigo... También del cruel abrazo quise escaparme/ Oh huyentes brazos/ que en vano buscaron mis manos... Incesante fuga y anhelo incesante/ el amor no es puerto seguro/ Ya no hay tierra prometida para mi esperanza”-. l
 

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