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Sólo dolor. María Vega (izq.) con la foto de su hijo Ariel Sirake.
“Pasaron dos años y el asesinato de mi Gringuito quedó en la nada, todos se olvidaron, la policía, el fiscal, todos”, dice María Vera, la madre de Ariel Sirake, quien junto a Gonzalo López fueran matados a balazos en la madrugada del 15 de mayo de 2008. El caso conmocionó a Presidente Derqui ya que ambos, de 22 y 25 años respectivamente, eran conocidos por vender café en los trenes del San Martín y ser criados en el barrio Monterrey. Entonces hubo algunas hipótesis de la familia de Sirake, que hasta sugerían un fusilamiento de la Brigada de Investigaciones de Pilar. Pero con los meses esa teoría se diluyó y luego surgieron otras dos, siempre en el seno familiar, ligadas a una presunta mafia del café. “Nunca entendimos cómo la policía jamás tuvo una pista, y que el fiscal (Alejandro) Musso directamente dejara de recibirnos ni aportara ningún sospechoso o prueba”, agrega María quien desde entonces está fuertemente medicada por su gran depresión. La causa, para ellos, está en una vía muerta. Pero siguen buscando algo o alguien que les aporte un dato clave: quiénes los mataron y por qué. El doble homicidio se perpetró en la madrugada del miércoles 15 de mayo de 2008. Esa noche, Ariel y Gonzalo intentaron visitar a una mujer que vende chipá y café en la estación ferroviaria de Derqui. Si bien no la encontraron se reunieron con conocidos de ella, hasta que cerca de la medianoche se fueron a jugar al pool al centro de Derqui. A las 3 retornaban a su barrio, pero se desató la tragedia porque en la esquina de Jujuy y Bolivia fueron baleados. López murió de un disparo en la espalda y Sirake de otro en el pecho. El segundo sobrevivió minutos; cuando era trasladado en ambulancia estaba inconsciente, y luego falleció. A los dos les habían robado su calzado deportivo, y sólo un vecino llegó a oír los gritos de Ariel: “¡Pará, pará. No me matés, yo no tuve nada que ver!”. Pero nadie vio nada, “y si vieron se callaron por mucho miedo”, dice María y agrega: “nunca nos dejaron ver el informe de la autopsia para saber el calibre de las balas, y cuando se la pedíamos al fiscal nos mandaba a decir que la tenía la DDI, que estaba en San Isidro, y no nos atendía”.
Qué pasó esa noche Se sabe que cuando volvían estaba con ellos Ezequiel, sobrino de Ariel Sirake. Y cuando pasaban frente a la Escuela Media Nº 2, Gonzalo apedreó un comercio. Sus dueños alertaron a la policía y apareció un vehículo con efectivos de la DDI-Pilar. Ezequiel escapó corriendo y se quedó en la esquina viendo cómo los policías los requisaban y, luego de forcejeos, eran dejados. Pero inexplicablemente se encaminaron hacia Jujuy y Bolivia, a unas 20 cuadras de su domicilio. Allí, según María Vera, apareció una camioneta blanca con tres hombres que los atacaron a balazos y terminaron con la vida de ambos. Así se inició la hipótesis del gatillo fácil donde se sospechaba que los mismos agentes les habrían dado muerte luego de cargarlos en la camioneta, liberarlos lejos y matarlos. Sin embargo, nada avaló esa suposición y entonces la misma mujer obtuvo algunos datos que se orientaban hacia la presunta mafia del café. “Pensamos que ‘El Sanjua’, que hace años vende café con varios chicos en los trenes, tuvo un problema con ellos y se tomó venganza porque hacían la suya”, sostuvo María. Pero eso tampoco pudo probarse jamás ya que no se conocieron problemas entre los occisos y el cafetero indicado. No obstante, unos 25 días más tarde pasó algo “Ezequiel vio y sabe algo importante, pero nunca se animó a decir nada”, asegura María Vera. Hasta que por último surgió otra teoría, relacionada a los cafeteros rivales. Se sabe que Ana, la mujer que esa noche quisieron ver y no estaba, vendía chipá y café en la estación de trenes de José C. Paz, una zona bajo la órbita de “El Sanjua”. Que más Pasaron dos años y hoy la madre del Gringuito especula con que Gonzalo pudo ser el atacante de Ana, La Chipera. “No puedo afirmarlo, pero hay dos cosas que me llaman mucho la atención”, dice. La primera es que cuando Ariel, Gonzalo y Ezequiel la fueron a ver por su estado de salud, ya que Sirake le tenía aprecio, no estaba pero sí estaban algunos conocidos de ella. Y supuestamente uno tenía una camioneta blanca como la vista por un testigo ocasional cuando los mataron. El segundo hecho llamativo es que María Vera asegura haberle oído decir a Ana, sobre el ataúd de Sirake, “Gringuito, esto no era para vos, los que te hicieron esto la van a pagar porque yo los voy a encontrar”. A resultas la dolorida madre se hizo un nuevo y complejo interrogante: ¿Fue Gonzalo López quien le tiró el ácido a Ana, en supuesta complicidad con sus cafeteros rivales, y esa noche un amigo de la ausente lo reconoció y les tendieron una emboscada para matarlos y vengarla? |
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